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OPINIÓN

Las encrucijadas de la política exterior en Colombia

01 de abril de 2025

Felipe Higuera-Angulo

Profesor asociado, Programa de Relaciones Internacionales Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas en Universidad El Bosque
Canal de noticias de Asuntos Legales

En las últimas semanas, la política exterior de Colombia ha tenido uno de sus puntos más bajos y críticos, tanto en la gestión frente a los problemas que han surgido al interior del gobierno de Gustavo Petro -específicamente la reorganización de todo su gabinete ministerial y los cuestionamientos a los nuevos roles de Armando Benedetti y Laura Sarabia- como en sus dinámicas de relacionamiento con Estados Unidos y otros países del continente americano. La nueva canciller, Laura Sarabia, deberá enfrentar una serie de retos que requerirán, no solo preparación, sino el aprovechamiento del conocimiento y experiencia de los funcionarios de la Cancillería, elementos claves para mitigar los efectos negativos que causa la diplomacia por redes sociales, especialmente en la red X, realizada por el presidente de Colombia.

En medio de la crisis con los Estados Unidos, el nombramiento de Sarabia como ministra de Relaciones Exteriores parece responder a una lógica de carácter populista, basada en la lealtad y la conveniencia político-administrativa, antes que, en la construcción de una sólida estrategia de política exterior. Más cuando esto ocurre en un momento en el que se requieren respuestas claras ante los desafíos internacionales que tiene este gobierno, como son el cambio de gobierno en Estados Unidos, su política económica proteccionista y las grandes diferencias políticas entre Trump y Petro, así como los retos que ha impuesto el autoritarismo en Venezuela, por solo nombrar algunos. La relativa inexperiencia de Sarabia en el manejo de asuntos internacionales, así como las diferencias y cuestionamientos sobre su gestión realizados por los propios integrantes del gobierno, han generado incertidumbre sobre su capacidad de gestión en una de las carteras más estratégicas del gobierno, a pesar de todos los cargos públicos que ha asumido en tiempo reciente (Dapre, DPS, jefe de gabinete).

Revisemos algo de contexto. La reciente crisis diplomática con Estados Unidos ha evidenciado la fragilidad de las relaciones internacionales de Colombia, no solo por la gestión de la política internacional de forma mediática por el “último Aureliano”. Aunque el excanciller Murillo como el embajador García-Peña asumieron la labor de volver a equilibrar la relación con los Estados Unidos, el cambio en la Cancillería pareciera resultado de la fragilidad política del gabinete y las intenciones políticas del gobierno, antes que a una política exterior clara y sólida. Una constante en distintos gobiernos ha sido la falta de reconocimiento a la experticia y la experiencia de los funcionarios y funcionarias de carrera diplomática de la Cancillería, quienes terminan siendo desaprovechados y relegados a un rol secundario, a mantenerse como soporte de los caprichos políticos del gobernante de turno, antes que ser los artífices de la diplomacia colombiana.

Como lo ha señalado el portal Diplomacia Abierta, en la revisión histórica de los nombramientos de embajadores desde el año 2000, se encontró que “(…) de 71 misiones diplomáticas que el país tiene en el momento, 28 de ellas no han tenido ni un solo embajador de carrera en los últimos 24 años” , a lo que se suma la inestabilidad en los nombramientos. Esto refuerza la necesidad de una diplomacia hábil y proactiva, pero también estable, duradera y respaldada por la experiencia de los funcionarios de carrera de la Cancillería, para así evitar que sus trayectorias profesionales no estén condicionadas por las decisiones políticas, sino promovidos por sus méritos y formación en diplomacia.

Se espera que los nuevos viceministros en la Cancillería, Daniel Ávila (diplomático de carrera) y Mauricio Jaramillo (internacionalista, académico y asesor político),
contribuyan a reconstruir la confianza y el respaldo al cuerpo diplomático para el desarrollo de la política exterior del país, impulsando el reconocimiento y fortalecimiento de la carrera diplomática como pilar fundamental de las relaciones internacionales de Colombia.

Los recientes eventos han puesto en evidencia la importancia de una diplomacia efectiva y de la construcción de relaciones basadas en el respeto mutuo y la cooperación. Aunque la política exterior de un país debe estar alineada con la línea política del gobierno, es fundamental que la diplomacia sea estratégica y equilibrada, evitando que genere más beneficios que perjuicios al gobierno y la población. Por ello, su ejecución debe recaer en diplomáticos con trayectoria y experiencia, quienes pueden garantizar que esta alineación se realice de manera profesional, efectiva y en beneficio de Colombia en el escenario internacional.

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